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Lo que perdemos al no perdonar

Actualizado: 8 de ago de 2019

Una forma para aprender a perdonar y dejar de sufrir en vano


El aprender a perdonar es el mejor regalo que puedes hacerte a ti mismo. Hay que aprender a perdonar, no por la otra persona, si no por nosotros mismos, porque el que no perdona es el que sale perjudicado.


Te voy a contar algo que le dio un giro total a mi forma de ver la vida y que se resume en esta frase: "Nunca hay nada que perdonar".


Aunque creas que hay cosas ahí afuera que son "imperdonables" la verdad es que las cosas son siempre como debían haber sido y todo tiene una razón.


Perdonar es, nada más y nada menos que, la aceptación.


Es muy diferente ver areas de oportunidad en los demás, a ver "errores", una palabra que, por cierto, cada vez tiene menos apariciones en mi lenguaje. El verdadero perdón es el que ni siquiera ve el error, y cuando no logras ver el error en los demás, "nunca hay nada que perdonar".


No me refiero a que vayas por ahí dejando que los demás hagan contigo cosas que no te parezcan y no hagas nada más que observar. Si ves una conducta en el otro que no te parece, y necesitas hacérselo saber, hazlo, pero luego déjalo ir. Cuando entiendes que cada ser humano tiene su proceso de aprendizaje y lo respetas sin juzgar o tratar de haga las cosas a tu manera, te darás cuenta que, la mayoría de las veces, no hace falta decir nada.

Cuando sentimos que hay algo que perdonar estamos cargando con culpa. Culpa de que las cosas debían haber ocurrido de forma diferente. No importa si sientes que quien actuó “mal” fue el otro, tú eres quien está cargando esa culpa hoy, y a quien le está pesando es a ti. La culpa, al final, no es más que miedo disfrazado, y el miedo, más vale que lo sepas de una vez, no es real, nosotros lo fabricamos.


¿Sientes que hay cosas que perdonar en tu vida?

La mejor forma de deshacernos de esa culpa/miedo es perdonando, aceptando y siendo conscientes que la culpa y el miedo son creencias, y las creencias pueden cambiar, pero necesitamos tomar la decisión.


Hay una gran diferencia entre perdonar (la verdadera aceptación) y el resignarse o dar un perdón incompleto. Si sigues dándole importancia al asunto, es que aun hay algo que no se ha decidido perdonar del todo.


Has escuchado personas que dicen: "Te perdono, pero no olvido" no están perdonando en absoluto. Ese es el perdón de apariencia.


Si yo le digo a alguien te perdono, pero cada que algo me recuerda lo que me molestó, lo vuelvo a reclamar o me vuelvo a sentir mal por ello, en realidad tampoco he perdonado. Cuando hacemos esto y por fuera fingimos que todo va bien, pero por dentro estamos molestos, solo nos estamos engañando.



Si dejamos de juzgar a los demás, dejamos de ver el error. Y es ahí cuando dejamos que las personas crezcan y tengan su propio aprendizaje. Es en este punto cuando te das cuenta que no hay nada que perdonar. Habrá comportamientos mejorables en los demás, pero nada que perdonar.


Perdonar es un cambio de percepción, una forma diferente de ver la situación, sin apegarme a las cosas y sin apegarme a mis creencias de cómo debería ser.


Así que la próxima vez que estés en una situación donde sientas que algo te está molestando o te ofende, en lugar de darle vueltas en tu mente, déjalo pasar, y no por la otra persona, si no por ti. Date cuenta, mantente en paz y observa la situación, y desde ese lugar de calma, elige una respuesta con libertad.



En este post he agregado algo para dejarte reflexionando sobre el tema, y es que, me encantan los cuentos. ¿A quién no? Te dejo uno recopilado por Ramiro Calle, maestro de Yoga y escritor español, que me parece que retrata perfecto este punto de vista sobre el perdón y la idea de soltar lo que cargamos.



Buda fue el hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión.


Entre sus primos, se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo.


Cierto día que el Buda estaba paseando tranquilamente, Devadatta, a su paso, le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina, con la intención de acabar con su vida. Sin embargo, la roca sólo cayó al lado del Buda y Devadatta no pudo conseguir su objetivo. El Buda se dio cuenta de lo sucedido y permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los labios.

Días después, el Buda se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente.


Muy sorprendido, Devadatta preguntó:

–¿No estás enfadado, señor?

–No, claro que no.

Y volvió a preguntar

–¿Por qué?

Y el Buda dijo:

–Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando me fue arrojada.



Da que pensar...


Por último, quiero que te quedes con este mensaje:


Elegir no perdonar es elegir no ser feliz.



La Mô



¿Conoces a alguien a quien le cuesta trabajo perdonar?


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